La reflexión me llega en un momento en que mi madre y mi hermana me insisten en hacer un viaje juntas a Italia en los próximos meses. Italia, un país fascinante, el mayor cúmulo de belleza histórica por metro cuadrado que pueda encontrarse en tan alta concentración. Me encanta Venecia. Me encanta Roma. Sería buena idea hacer ese viaje y aprovechar para ver a mi mejor amiga, Elena, que vive allí hace 20 años. Además es una ocasión importante para mi madre. Y ¿hay algo que me haya gustado más en la vida que viajar?
Pero, no os lo vais a creer… me oigo a mi misma poner una excusa detrás de otra a mi hermana… que si tengo mucho trabajo, que si los niños, que si esa fecha es complicada, que si ya he estado muchas veces en Italia y prefiero no tener gastos extra esta temporada… ¿La realidad? He desarrollado pánico a los aviones… ¡yo! ¡Yo, que me he pasado años viajando de aeropuerto en aeropuerto, de acá para allá! ¡Yo, que he vivido en varios países y los he recorrido como una loca inconsciente! ¡Yo, que adoraba los aterrizajes y no digamos los despegues, que era una entusiasta hasta de la comida de las aerolineas, con su cubiertos y bandejitas tan monos y organizados!
¿Que ha pasado? Pues ha pasado que hace unos años que fui madre. Y fue en ese momento cuando empecé a notar esta prevención que con el paso del tiempo va a más. ¿Que mi marido me propone irnos a Nueva York? Quita, quita, ¡con lo bien y lo cerca que está Alpedrete!
Me encuentro poniendo excusas a diestro y siniestro, defendiéndome como gata panza arriba de situaciones que percibo como peligrosas para mi integridad física y la de mis hijos, con una extraña fijación mental en que los aviones pueden caerse y en que de alli solo sales hecho fosfatina…
He hablado con otras mujeres de diversas edades y os sorprenderia saber lo común que es esta fobia entre las madres. Al parecer sucede con frecuencia y se manifiesta de una forma u otra, aunque el miedo a volar es bastante común.
¿Quiere esto decir que ya no vuelo? Bueno, no. Mi temor no llega a tanto. Vuelo si me parece que el asunto está justificado. Si es por trabajo, o por unas vacaciones que me parezcan lógicas. Pero me niego en redondo a ir tres dias a Nueva York porque es una ciudad que ya conozco, y empiezo a justificar que al final te gastas un dinero, que no es un viaje necesario, que qué se me ha perdido a mi en Nueva York… y, claro, lo más importante: ¡¡¡está el peligro de que se caiga el avión!!!
Podeis reiros si quereis. Lo entenderé, pero el miedo irracional se ha apoderado de mi. Hay quien me dice que cuando mis hijos sean mayores, volveré a ser quien era. Mientras tanto, el video que hoy os traigo me motiva para intentar vencer este miedo absurdo… y volver a ser la apasionada de las compañías arereas que siempre fui.