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El maquillaje

 

Nos maquillamos para embellecer nuestro rostro, para resaltar un determinado rasgo o bien para disimular una imperfección. También lo hacemos para mitigar nuestro cansancio, para ocultar nuestro dolor…maquillarnos nos hace sentir mejor. El maquillaje ha sido un gran aliado de los seres humanos y de su belleza a lo largo de la historia. El problema es, que no nos limitamos a nuestro rostro, sino que hacemos extensible el maquillaje a toda nuestra vida.
Nos maquillamos cuando nos levantamos cada día viviendo una vida que no nos gusta, un brochazo y seguimos adelante con ella. Nos maquillamos cuando no decimos lo que sentimos y preferimos el silencio por respuesta. Y ahora aplico colorete y pintalabios.

Nos maquillamos cuando vivimos con la persona que no amamos y a pesar de todo, seguimos con nuestra vida planeada a su lado, sin atrevernos a cortar por lo sano. Brochazo, retoque y más brochazos.

Nos maquillamos cuando nos envuelve la rutina y nos dejamos abrazar por ella, aún sabiendo que ese abrazo terminará con nuestra vida.

Nos maquillamos cuando estamos atados a nuestro pasado y ese pasado no nos deja buscar nuevas alternativas. Sombra, perfilador y ya casi he terminado.

Ha llegado el momento de desmaquillarte. Puedes hacerlo poco a poco y paso a paso. Primero comienza por tu alma. Desmaquíllate de tus frustraciones, de tus miedos, de tu inseguridad, de tu «yo no puedo». A continuación sigue por tu vida. Desmaquíllate de quien te hace daño, de lo que no te llena, de lo que no te gusta…maquillaje fuera. Y por último desmaquilla tu piel. Desmaquíllate de las manchas que han dejado tus lágrimas al caer, de las penas que han marcado tu rostro, de las huellas que te ha dejado la vida. Que tu piel vuelva a renacer y se sienta bella otra vez.

Y ahora estás tú. Sólo tú. Tú de nuevo. Libre y segura…dispuesta a comenzar de nuevo. Tal vez no te reconozcas de buenas a primeras cuando te mires en el espejo, pero cuando lo hagas ya no querrás maquillarte de nuevo.