De gurús y otras criaturas

FOTO: Ohmmy3d / FreeDigitalPhotos.net
Hace algún tiempo, una persona me contactó a través de una red social pidiéndome que le diese mi opinión sobre su perfil profesional.
Lo cierto es que cuando recibo este tipo de peticiones suelo atenderlas dado que soy de la opinión que en estos momentos los reclutadores tenemos una obligación moral para con la gente que está en búsqueda activa de empleo.
Cuando le contesté dándole mi opinión sobre algunos de los aspectos de su perfil profesional, me sorprendió alguno de sus argumentos. Concretamente me llamó la atención que, frente a una de mis observaciones, su respuesta fue que lo ponía así porque lo había visto en el perfil de un conocido gurú.
La verdad es que esperaba otro tipo de respuesta porque ese aspecto en concreto de su perfil, resultaba un tanto fuera de lugar con respecto al resto.
¿Por qué no cuestionamos la información cuando llega de estos denominados gurús?
Reconozco que en alguna ocasión me he dejado llevar por los cantos de sirena de algunos de estos “gurús”.
Lo más curioso es que el orígen de la palabra gurú tenía que ver con un maestro espiritual, o persona con grandes conocimientos que enseñaba y compartía su saber sobre todo en materias espirituales o religiosas.
Evidentemente es un concepto bastante romántico de lo que hoy en día entendemos por gurú, si tenemos en cuenta que pueden llegar a ser personas que, por sus amplios conocimientos, les hacen ser expertos en una materia concreta.
A donde realmente quiero llegar con el tema de los gurús es a la falta de cuestionamiento que encuentro en general con respecto a temas que me parecen que son de puro sentido común.
Es tal el grado de anestesamiento que tenemos que tendemos a creernos todo lo que nos cuentan por el simple hecho de que alguien le ha etiquetado o, peor aún, se ha autoetiquetado como gurú.
Puedo entender el surgimiento de estas personas en una época donde la información era poder. Donde los conocimientos marcaban la diferencia y el acceso de éstos estaba resevado a unos pocos elegidos.
Sin embargo, hoy en día es tal la cantidad de información a la que se puede acceder que TODOS podríamos ser gurús de nuestra especialidad. Al fin y al cabo, un gurú transmite sus conocimientos y su saber. Información, que a su vez ha adquirido de otros o de su propia experiencia.
Y para ello las redes sociales son un inmenso “libro” repleto de información que sólo necesitamos filtrar y organizar, que está al alcance de cualquiera que quiera acceder.
¿Tan dificil es tener criterio propio?
Y llegamos al espinoso tema del criterio propio o decir algo diferente de lo que los demás opinan.
Nunca me he considerado una persona con opiniones convencionales y creo que es algo que podéis ver a través de mis posts.
Es cierto que en alguna ocasión me ha podido dar algún dolor de cabeza que otro pero me sigue compensando decir lo que pienso, de forma respetuosa por supuesto, a seguir la opinión de la masa solo por no destacar.
Hace mucho tiempo decidí que prefería tener mi propio criterio a quedarme diluida entre las opiniones de la mayoria.
Es preferible ser diferente, singular, inconfundible… a ser uno más.
En definitiva, pienso que es más que necesario trabajar todos los días para que nuestra marca personal tenga no sólo continente, sino también contenido. Y eso en ocasiones significa llamar a las cosas por su nombre, sin rodeos ni adornos superfluos.
Porque eso es algo que con frecuencia encuentro entre los recién autodenominados gurús: que debajo de esa fachada no hay mucho más que ofrecer que un ramillete de frases bonitas y poco mas.
Cada uno de nosotros tiene el poder y la capacidad de decidir qué quiere ser. Tan sólo necesitamos un poco de valentía y de arrojo para diferenciarnos del resto y hacer valer nuestros pensamientos.
Y es que el camino más dificil es aquél que nunca recorremos por miedo a no saber hacerlo.
Isabel Iglesias
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