Controlar o gestionar emociones. Aprende la diferencia

FOTO: Ambro / FreeDigitalPhotos.net
“Tienes que aprender a controlarte”. ” Tu tienes que controlar a las emociones y no ellas a tí”. “Contrólate, que no se te note que estás…(pon tu la emoción que más te apetezca)”.
¿Te suenan estas frases? A mí si. Durante mucho tiempo las escuché.
Durante bastante tiempo y hasta el auge de la Inteligencia Emocional, las emociones han estado relegadas y proscritas al más oscuro de los rincones que las personas podemos tener.
Recuerdo, en mi primer trabajo, haberme encerrado en el baño a llorar como una descosida unas cuentas veces tratando de ocultarme de las miradas reprochadoras de mis compañeros de trabajo cada vez que mi jefe me utilizaba como un “punching ball” dialéctico. Recuerdo sus caras de auténtico horror cada vez que veían que mis lágrimas empezaban a asomarme y como me decían “trágatelas”, “es que vas a llorar por cualquier cosa”.
De aquella época recuerdo como las emociones me superaban y me resultaba difícil poder frenar algunas de ellas que parecía que adquirían vida propia.
Después de aquello opté por tapar mis emociones, tratando de que no se notasen. Llegué a sentirme muy orgullosa de ello. Era capaz de controlarlas y ellas no me controlaban a mí. Me sentía muy bien sabiendo que yo las controlaba a ellas. Tanto las controlaba que empecé a tener fama de ser fria y distante. Casi no sonreía, ni me emocionaba. Y si lo hacía procuraba que fuese en privado para que nadie me viese.
Años después descubrí, con gran alivio por mi parte, la diferencia entre controlar y gestionar emociones.
Fue durante mi formación con John McWhirter en la Universidad de Valencia. Y aquello me permitió poder dejar de controlar para entender mis emociones y saber cómo funcionan.
A primera vista puede parecer una diferencia sutil. Sin embargo tiene mucha más importancia de lo que parece.
De aquella formación he podido extraer las siguientes diferencias sobre controlar o gestionar las emociones:
– Cuando controlamos, normalmente lo que solemos hacer es reprimir una emoción que, desde nuestro punto de vista, está desasjutada por su desmedida reacción. Eso es lo que pasa cuando se nos saltan las lágrimas sin poder evitarlo ante situaciones que, aparentemente, no revisten la suficiente envergadura como para que suceda esa reacción.
Conviene recordar, llegados a este punto, que las emociones son reacciones psicofisiológicas de tipo adaptativo a los estímulos que recibe una persona, sean del tipo que sean.
En cambio cuando gestionamos nuestras emociones somos plenamente conscientes de lo que nos sucede y sabemos qué tipo de emoción tendremos en función al tipo de estímulo que recibimos.
– Cuando controlamos nuestras emociones lo que único que percibimos es una emoción que nos parece incontrolable y sobre la que no podemos hacer nada, una vez que ha hecho su aparición.
En cambio, cuando gestionamos nuestras emociones sabemos de qué manera construimos esa emoción y los signos físicos que la acompañan. Eso nos permite poder saber en qué punto nos encontramos cuando empezamos a notarla y nos permite hacer modificaciones para que nos resulten más beneficiosas.
– Algo muy habitual que sucede cuando controlamos nuestras emociones es que dirigimos nuestros esfuerzos a tapar esa emoción que no nos gusta y que no nos hace sentir bien; es decir, nos estamos centrando en la parte negativa de la emoción.
Cuando gestionamos nuestras emociones podemos ver todas las caras de la emoción, para aprovechar la que más nos interese en función a nuestra situación. En definitiva, podemos ver que junto con esa emoción pueden aparcer otras que, de otra manera podrían pasar desapercibido al estar centrándonos sólo en un aspecto.
¿Controlar o gestionar? tu decides
Hoy seré el maestro de mis emociones. Og Mandino.
Isabel Iglesias
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